El día de los paraguas rotos.

El sábado fue un día de lluvia persistente y ráfagas duras de viento, y el sábado es “per se” un día de salir… a comprar, de tiendas, a cenar, de fiesta y este último aunque estaba bastante tranquilo, salió mucha gente.

Al día siguiente de un sábado así, al levantarte y salir de casa, con un día tranquilo amenazando a lluvia pero despejado de momento, y haga que te fijes en el estado de la calle, en los charcos, en los cientos de cosas perdidas por la lluvia y en la gran cantidad de paraguas rotos que encuentras a tu paso.

Unos en el contenedor de basutas, otros en la papelera, unos cuantos en la acera.. justamente en el bordillo al lado del semáforo, otros en medio de la calzada.

Mezclar lluvia y viento hace que cientos de miles de paraguas mueran irremediablemente a causa de sus endebles estructuras, o por culpa de una racha de viento fugaz que hace que el paragüas se doble por completo, casi lo oyes gritar de dolor… pobre.

Los paraguas rotos, solo son una de las partes implicadas, tambien están los paraguas robados (los que al depositar en la entrada de un local, desaparecen y a cambio solo te encuentras otros en su lugar roto o viejo), o los perdidos (la misma situación al entrar en un local, solo que esta vez deja de llover y al salir no recuerdas que habías venido con paraguas, ni siquiera recuerdas que llovia) o los prestados (sales con gente, y tu llevas capucha, chubasquero y tu acompñante no, le prestas el paraguas, un paraguas que no te será devuelto).

Hoy es un día suave, tierno, tranquilo….

Blur – Tender

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3 Responses to El día de los paraguas rotos.

  1. Ana dice:

    Otro fenómeno de los días post-lluvia, son las zapatillas rotas. Al menos en mi caso. Son aquellas zapatillas de suela de cáñamo, blancas, de tela, chulísimas, con una cuerda que se ata alrededor del tobillo, y que no te pones nunca. Sólo cuando llueve (porque claro, no te das cuenta de lo que va a pasar).

    Al día siguiente, está el cáñamo podrido, la tela blanca marrón oscuro tirando a negro, y las tiras que se atan al tobillo, completamente raquíticas, como si les hubiesen robado el esplendor.

    Así que…, a la basura. Buena excusa para comprar otra.

    Un beso paragüero!

  2. Mar dice:

    Pues fíjate que para salvarle la vida a mi paraguas y que sus pobres varillas no se partieran con una feroz racha de viento, después de haberse doblado ya varias veces, lo cerré y le dejé descansar, total, me mojaba igual. Así que claro, llegué a casa empapada. Pero todo sea por mi paraguas nuevo, color naranja que está claro que todo lo que tiene de bonito lo tiene de inútil cuando se mezclan viento y lluvia. Tendré que rescatar al viejo paraguas tamaño familiar de esos tipo bastón para estas ocasiones.

    Beso

  3. alhuerto dice:

    Ana esas zapatillas aqui son las tipicas espardenyes, y si son antilluvia. Pero y lo chula que irias con ellas puestas y pisando los charcos? Jajajaja. Que no hay mal que por bien no venga… así renuevas armario zapatil. 😛

    Que bonito, mirar por los demás. Mejor mojarse que ver al paraguas romperse. Eso es cuidar el mundo paragüero. Deberiamos aprender todos de Mar. Jajaja.

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